Ambos
aprenden desde la experiencia pero se diferencian en su meta de aprendizaje. El
experto rutinario pretende conseguir una aplicación más eficaz de
un conjunto de competencias ya adquiridas; es decir, mejorar la eficacia de su
método didáctico. El experto adaptativo
persigue cambiar sus competencias para mejorar; es decir expandir sus
posibilidades de actuación buscando la innovación.
Para
encontrar estas diferencias más claras, hay que atender a los conceptos de eficacia,
posesión del conocimiento asentado que permite la consecución rápida y óptima
de un resultado sin requerir mucho esfuerzo; innovación, novedad e
improvisación; y eficiencia, retroalimentación a niveles adecuados de
eficacia e innovación.
En mi
opinión, la innovación aparecerá como fruto de la reflexión sobre la experiencia
del propio educador y sobre los conocimientos que tenga. El profesor debe ser
capaz de aplicar a la práctica los conocimientos que ha adquirido que tiene asentados, los que forman los
cimientos de su formación. Dependiendo de qué conocimientos tenga y de qué
manera los aplique, tendrá mayor o menor eficacia y eficiencia. En base a eso
verá la innovación. Por eso importante pararse a reflexionar de vez en cuando a
lo largo del proceso y observar lo que está mal hecho y lo que está bien hecho.
De esta manera, la innovación será mejor y más eficaz.
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